Una reforma integral es, sobre todo, un problema de orden. La obra en sí rara vez es lo complicado: lo que se tuerce son las decisiones tomadas fuera de tiempo. Estas son las fases por las que pasa una reforma integral de vivienda y qué se decide en cada una.
El proyecto, donde se decide casi todo
Antes de tocar nada se levanta el estado actual, se estudia la distribución y se define el alcance: qué se mantiene, qué se sustituye y hasta dónde llega la intervención. Es la fase menos vistosa y la más determinante, porque cada decisión que se toma aquí es todavía una línea en un plano. En esta etapa se eligen también calidades y materiales, para que la obra empiece con todo definido.
La tramitación
Según el alcance, una reforma puede requerir desde una comunicación previa hasta una licencia de obras, y cada ayuntamiento tiene sus propios requisitos y plazos de resolución. Si la vivienda está en un edificio con comunidad, puede hacer falta además su autorización. Conviene resolverlo en paralelo al proyecto y no cuando ya hay operarios en la puerta.
La demolición y las instalaciones
Con los derribos hechos, la vivienda queda en su estado real: es cuando se ve de verdad qué hay detrás de las paredes. Se rehacen saneamiento, fontanería, electricidad y climatización. Es la fase que no sale en las fotos del resultado y la que más condiciona cómo se vivirá la casa después. La documentamos a menudo con obras en marcha en nuestro Instagram.
Albañilería, revestimientos y falsos techos
Se levantan los nuevos tabiques y se ejecutan pavimentos, alicatados y falsos techos, que son los que ocultan las instalaciones y alojan la iluminación. A partir de aquí la vivienda empieza a parecerse al proyecto.
La carpintería y los acabados
Puertas, armarios, cocina y pintura. Cuando la carpintería es a medida se fabrica en paralelo a las fases anteriores, de modo que llega a obra cuando le corresponde. Es la razón por la que conviene tener el mobiliario decidido desde el proyecto y no al final.
Los repasos y la entrega
La diferencia entre un buen final y uno mediocre está en la lista de repasos y en quién responde de ella. Una obra terminada siempre deja detalles pendientes; lo relevante es que estén recogidos, ordenados y resueltos antes de dar la vivienda por entregada.
Los criterios que evitan disgustos
Un presupuesto con partidas desglosadas. Un presupuesto de una página no permite comparar nada ni saber qué se ha incluido y qué no.
Un solo interlocutor. Coordinar gremios por tu cuenta significa asumir el encaje del calendario, que es donde se pierde la mayor parte del tiempo de una obra.
Materiales decididos antes de demoler. Cada elección que llega tarde detiene una fase que ya estaba en marcha.
Instalaciones renovadas de una vez. Mantener una instalación antigua porque todavía funciona obliga, tarde o temprano, a volver a abrir lo que se acaba de cerrar.
Por qué no damos una duración estándar
La duración depende del punto de partida —el estado de las instalaciones, la estructura, lo que aparece al demoler—, del alcance que se decida y de la tramitación que corresponda. Dar un número antes de ver la vivienda es fácil y no significa nada; preferimos ver el piso, definir el alcance y comprometer un calendario que se sostenga.
Si estás valorando una reforma integral, cuéntanos tu caso y lo vemos contigo. También puedes ver obras terminadas en Mataró, Sant Vicenç de Montalt y el resto del Maresme.
